Para presentarme a mí, tengo que presentarlos a ellos.
Casi sola aprendí a entenderlos y a medida que fui creciendo
pude elaborar conclusiones sobre su físico y forma de expresarse.
Eternos compañeros, amigos que no hablan pero que siempre tienen algo para decir.
Viejos, jóvenes,
con dibujos y sin ellos,
grises y coloridos,
con tapas rotas y hojas desprendidas o en perfecto estado,
leidos mil veces o nunca terminados,
con frases cortas y simples u oraciones enroscadas,
recomendados o encontrados.
Todos, todos ellos tienen algo mío y yo algo de ellos.
Porque los que tengo en mi poder no tolerarían estar con otras personas (yo lo sé)
y yo tampoco podría ser yo sin mis libros.